lunes, 6 de febrero de 2017

35


15 Miércoles

Antes de vestirse, Matilde va al cuarto de Lorena. Encuentra también a Sofía, hecha un ovillo a los pies de la cama.  Lorena tiene los ojos abiertos. Matilde se acuclilla a su lado. ¿Cómo te sentís? pregunta tocándole la frente. Mal, me siguen las ganas de gomitar pero no gomito. En cualquier otro momento ella la hubiera corregido pero ahora su cabeza gira a mil por hora. Así no la puede mandar al colegio. Tratá de dormir, ahora le digo a Ramo que te venga a ver, cuando yo vuelva de la escuela llamamos al Doc. Sofía se sienta de un salto. ¡Yo tampoco voy! exclama. No sabía que el dolor de panza era contagioso. Sofía se para. No me gusta ir al colegio sin Lorena. Dejate de pavadas, si siempre están como perro y gato dice Matilde mientras gira para mirarla. Su hermana está muy seria, parece a punto de llorar. Sin Lorena no puedo, Mati, porfi. A ella le gustaría pedirle clemencia a alguien que la dispensara de tener que seguir accionando cuando lo único que quiere es abrazarse a sus hermanas y dormir y dormir. Sofía, ahora, se mete entre las sábanas al lado de Lorena. Matilde se sienta en la cama y las mira. Se ven tan desvalidas. Está bien, quedate concede. La nena se le cuelga del cuello. Gracias, Mati, sos lo más. Casi no pesa. Parece un pajarito.


Marcelo, camino al baño, se cruza con Matilde saliendo del cuarto de Lorena. Hoy las nenas no van al colegio informa. ¿Por qué? pregunta. Lorena se siente mal y Sofi no quiere ir sola. No es una consulta, es una decisión. Quince años tiene la mocosa piensa demasiadas alas.


Ramo, cuando puedas subí a ver a Lorena, no se siente bien; hoy ninguna de las dos irá al colegio indica Matilde y a Agustina le da rabia. Su mamá no la hubiera dejado faltar a Sofía. Quizá ni a Lorena. Odiabas que faltáramos; aquí no se crían flojos nos decías. Pero a Matilde no le importa lo que pensara su mamá. Ella hace lo que se le canta. Matilde le da rabia. Le da rabia pero la envidia. Siempre está segura de todo. Mamá también era así asocia ella de repente. En eso se parecen. En eso solo. Te extraño tanto, mami.


Ramo vino y ahora me trajo un té y le dijo a Fede que no me moleste y Sofi fue a buscar las figus y me dijo que me va a dar la que me falta para completar la hoja y me siento un poco mejor pero igual me duele qué raro ni Agustina ni papi me dijeron chau.


Le di la figu a Lore y un bombón que tenía guardado porque tanto no me gustan y no lo quiso y eso es grave y tengo miedo de que le pase algo porque no me había dado cuenta de que es la única de la familia que es casi como si fuera yo.


Ramo, ¿cómo sigue la gorda? averigua Matilde en el segundo recreo. Ahora está durmiendo, no quiso comer nada pero al menos se tomó el té informa la mujer mientras no sea el apéndice… Rocío al otro lado del patio le hace señas con la mano pero ella cabecea. Ya no le gusta lo de Lorena. Su mamá sabía qué darles y cuándo consultar. Pero yo no. ¿Y si por su culpa le pasa algo a su hermanita? ¿Lo llamo a papá? se plantea. Él sabe menos que ella. Tendría que llamarlo a Bianchi. Pero no le gusta llamar. A veces su mamá le pedía y ella no tenía más remedio. Cuando atendía la secretaria le pasaba pero igual le daba vergüenza. Vergüenza y rabia. Yo no era la mamá. El timbre la sobresalta. Va hacia el aula.


Contador, llama el Doctor Silvetti le informa su secretaria desde la puerta. Marcelo se reclina en el respaldo de su sillón y se echa el cabello hacia atrás con ambas manos. No está de ánimo para encarar la sucesión. Decile que estoy en una reunión indica. Vuelve al balance pero es inútil. No puede concentrarse. Diana me engañó se repite una y otra vez como si todavía necesitara convencerse. ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién? Tiene el cerebro embotado. Voy a intentar pensar se propone pero fracasa en el intento una y otra vez. Hace unos días tenía cierto registro del embarazo y del parto de Lorena. Ya no. Se le confunden todos. Se le superponen imágenes de distintas épocas. La luna de miel, el noviazgo, vacaciones, alguna pelea, la depresión de Diana, Diana haciéndole el amor. Perdí el norte piensa. La secretaria vuelve a aparecer, entra y entorna la puerta. ¿Qué pasa ahora? le pregunta él con injustificado fastidio. El señor Fernando. ¿Por teléfono?  La puerta se abre. No, estoy acá, no tendrás más remedio que atenderme dice su amigo con su más amplia sonrisa.



A Matilde le sudan las manos, la llave se le traba. Dejame, abro yo dice Agustina. Matilde tira la mochila y sube la escalera a toda velocidad. Encuentra a Lorena en la cama, dormitando. ¡Está la comida! informa Ramona desde abajo. Matilde sale, cierra la puerta y grita ¡ahora no puedo!  Va a su cuarto, se sienta en el piso, inspira hondo y saca el celular del bolsillo del blazer. El doctor no está le informa la secretaria llamalo al celular, ¿tenés el número? Ella lo agenda. El corazón le late fuerte.  Más todavía cuando reconoce la voz de Bianchi. Soy Matilde, Matilde Monte de Oca, mi hermanita Lorena no se siente bien desde hace días hace una pausa para tragar saliva, si no corta rápido se va a poner a llorar y yo, Doc, tengo miedo y no sé qué hacer. Las lágrimas no la obedecen y corren por sus mejillas. Tranquilizate, chiquita, en tres cuartos de hora estoy por allá.

viernes, 3 de febrero de 2017

34


Marcelo abre la puerta. Ramo, ¡ya llegó papá! informa Sofía enfundada en un camisón largo. Él se pregunta si antes los chicos cenaban en piyama. Antes de que se muriera Diana precisa. No tiene registro. Federico viene corriendo a abrazarlo. Sofía no. Él lo alza, se acerca a la nena y le da un beso ¿Tus hermanas? le pregunta. Arriba, Ramo me dijo que le avisara ni bien llegaras, por eso yo me quedé abajo cuenta muy orgullosa. ¡Sofi!, llamá a las chicas indica Ramona desde la cocina. Parece que hoy te tiene de secretaria comenta él, sonriendo. La nena sube a los saltos. ¡Chicas, chicas! grita a todo pulmón.


Papá me dio un beso y me hizo bromas parece que funciona esto de portarme bien piensa Sofía cuando llega arriba. ¡Chicas! grita nuevamente.


El olor del pastel de papas me revuelve la panza piensa Lorena tirada en la cama con lo que me encanta capaz que me estoy por morir y si me muero para colmo me voy al infierno.


El reino del revés piensa Matilde. Sofía come con entusiasmo el pastel y Lorena se eterniza ante su puré de calabaza. ¿La mandará mañana al colegio? ¿Debería consultarlo con su padre? Todavía no pudo estar a solas con él. No entiende por qué le mintió. Lo mira. Está muy callado. La mitad del pastel de papas todavía en su plato. Eso que está riquísimo. Todo hace rico Ramona. Federico come tranquilo. Parece que aprendió del quilombo de anoche. Agustina lo trata como siempre. Esperemos que hoy lo acueste ella.


Marcelo no logra conectarse con sus hijos. Ni siquiera lo intenta Su cabeza a mil mientras cena. Deja los cubiertos y los mira. Uno por uno. ¿Serán todos suyos? Ya sabe que todos no, ¿pero el resto? Lo único que arrojaría certezas sería un estudio genético de toda la familia. ¿Para qué le serviría saberlo?, ¿eso lo absolvería de tener que hacerse cargo de ellos? ¿Por qué Diana lo engañó?, y si tenía una doble vida ¿por qué no abortó al saberse embarazada? Porque para ella no era un asunto  moral. En realidad sí quiso abortar a Lorena y él no lo permitió. Pero fue cuando supo que no era varón. ¿Puedo recoger? le pregunta Ramona. Él primero se sobresalta y luego asiente. ¿No le gustó? pregunta la mujer ante su plato inconcluso. No, no eso, no tengo apetito, muy rico, gracias. ¡Estás como yo, papi! exclama Lorena. A él se le estruja el alma.


¿Un café sí? pregunta Ramona ¿o un tecito? Un té, mejor, Ramona, gracias. ¿Me traerías uno a mí, porfi?  pide Matilde. Quizá si se quedan a solas su padre le comente algo. El silencio se hace incómodo. Cuando Ramona se retira luego de dejar las tazas, ella no aguanta más y aunque se había propuesto esperar a que surgiera de su padre pregunta ¿retiraste los análisis? Él carraspea. Sí, hoy a la tarde. El adverbio de tiempo confirma que su padre sigue montado en la mentira. ¿Cómo dieron? Su padre decide que es imprescindible tomar el té porque solo luego de beber media taza informa es A, se habían equivocado. ¿Me los podés mostrar? Ahora él precisa vaciar la taza. Los dejé en la oficina. Matilde se levanta. Ya no lo quiere escuchar. ¿Cuánto puede creerle?


Marcelo ve con alivio que Matilde se aleja. No quise mentirle piensa. Pero no lo pudo evitar. La decisión se tomó sola. Asunto terminado. Además, ¿qué le importa a Matilde? Él es el único damnificado. Y Lorena, claro. Pero eso es harina de otro costal. Asunto terminado por ahora. Tiene mil cosas de las que ocuparse. Ya habló con el abogado. Tendrán que hacer sí o sí la sucesión por el tema del auto. No soporta verlo en el garaje.  Su presencia es prueba insoslayable de la ausencia de Diana. Diana. Todo tiene su beneficio secundario porque desde que se sabe traicionado la rabia lo protege contra la insoportable necesidad de tenerla. Se dirige al bar.


Matilde entra al cuarto de Lorena. ¿Cómo te sentís? le pregunta. La nena saca la mano de abajo del acolchado y la agita. Maso dice. Ella se inclina y le da un beso. La nena la abraza. Fuerte la abraza.



miércoles, 1 de febrero de 2017

33


Matilde merienda en casa de Rocío. Le cuesta seguir la conversación de su amiga. Pensar que estoy aquí como si tal cosa y nadie sabe lo que me está pasando. Unta con manteca una galletita. ¿Por qué su padre le ocultó que había retirado los análisis? No le encuentra el sentido. Siente la urgente necesidad de estar en su casa. En un rato me voy le comunica a Rocío. Pero si íbamos a hacer los resúmenes…  Ella se levanta de la mesa. No aguanta más. Me tengo que ir, Ro.


No me gusta viajar sola en el micro piensa Sofía Lore y yo siempre jugamos a que vamos en avión a veces yo soy pasajera y otras azafata si mañana falta al colegio yo tampoco voy Lorena es remolesta pero no puedo ir al colegio sin mi hermana.


Matilde se baja del colectivo. Le gustaría correr pero le da vergüenza. Apura el paso. Ya en la esquina de su casa ve que Ramona se acerca por Teodoro García cargada con las compras. Va a su encuentro y pese a la resistencia de la mujer agarra un par de bolsas. Mañana vamos a comprar un changuito decide ella te vas a reventar la espalda. Es que antes tu mamá hacía la compra grande con el auto se justifica Ramona. Sí, pero mamá se murió y todavía falta para que yo pueda manejar contesta ella con rabia. No ve la hora de sacar el registro. Capaz que a los dieciséis el padre la autoriza a manejar. Recién piensa que hace más de una semana que el coche de su madre está muerto de risa en el garaje. ¿Muerto de risa? Mamá y el auto eran uno piensa. Tu papá fue a buscar a Lorena al colegio le informa Ramona. El corazón de Matilde se agita. ¿Por qué? Le dolía la panza. Me hubieras avisado se fastidia ella. Solo pueden retirarla los padres informa la mujer. Sí, pero mi mamá se murió dice por segunda vez en pocos minutos le voy a decir a papá que me dé una autorización a mí. Sí, es urgente que aprenda a manejar. Deja las bolsas en el piso y busca las llaves.


Marcelo termina el balance. Le llevó más tiempo de lo calculado. No puede creer lo que le está pasando. ¿Si lo hablara con Fernando? Imposible. Hablar del engaño es reconocer su existencia. En tanto no hable el problema no existe ni existió. El único inconveniente es Matilde. Una testigo complicada. Y Bianchi reconoce. Eso es más sencillo, puede cambiar de pediatra. Se agarra la cabeza con ambas manos. ¿Puedo ser tan pelotudo? No está en su ADN hurtarle el cuerpo a los problemas. Lo que pasó, pasó. Ya verá como pone en orden sus sentimientos con respecto a Diana. Lorena no es su hija pero es demasiado chica para ser notificada. Lo hará cuando llegue el momento. Cuando se embarace decide. Pero a Matilde debe decírselo ahora. Que ella procese la información como pueda. No es mi problema piensa ya tengo demasiados. Acomoda los papeles, apaga la luz y sale.




Matilde ni me preguntó por la tarea piensa Sofía lo único que les importa a todos es la panza de Lorena y Fede claro Ramona ni me retó porque no terminé la leche ni nadie me manda a bañar.


Matilde está enjuagándole la cabeza a Lorena. ¿Será mejor que mañana no vaya a la escuela? Si sigue mal tendrán que llevarla a lo de Bianchi. Tendré se corrige. A lo mejor en los análisis salió algo.  Los miércoles tiene Plástica, le parece. Lore, ¿te pidieron algo para dibujo?  La nena abre los ojos de repente. Sí, ¡témperas!, si no la seño me mata, el miércoles pasado me olvidé, ¡ay!, me entró jabón, pásame la toalla. Matilde piensa que por suerte tiene témperas, ¿dónde las dejó? Cuando gira descubre a Sofía en el marco de la puerta. ¿Qué hacés ahí todavía seca?, apurate que pronto llegará papá. La nena en lugar de quejarse se desnuda al instante. ¿Quién entiende a sus hermanas?


Agustina no sabe qué hacer. ¿Traigo de nuevo la cuna? Anoche se le partió el alma cuando lo escuchó llorar. Ramona le dijo que se calmó enseguida, que lo dejara de nuevo en su cuarto, a tu mamá no le gustaría que durmiera con vos. Eso es cierto, pero es lo único en que ella no estaba de acuerdo con su mamá. ¡Cómo lo dejabas llorar!


El agua está preciosa piensa Sofía flotando en la bañera Matilde sí que sabe llenar la bañadera.

lunes, 30 de enero de 2017

32


1
4 Martes

Marcelo se mira en el espejo mientras se afeita. Durmió de un tirón. Bendito whisky. Pero ahora le duele la cabeza. Toma la última aspirina. Le tengo que avisar a Diana piensa durante la milésima de un segundo. Chasquea con fastidio. Se enjuaga y se seca. Baja. En la cocina las chicas desayunan. Ramona le alcanza una taza. Ramo, no vengo a almorzar informa Matilde. ¿Los trámites con tu papá? pregunta la mujer. No, me voy a lo de Rocío. Marcelo recorre la mesa con la vista. No se había dado cuenta de que estaba Federico. Imagen repetida desde que Diana se murió. Pero ya no es como ayer. Se atora con el café.


En el recreo largo Matilde se aparta de su grupo. Busca el celular y presiona el número del laboratorio. Buenos días dice quisiera averiguar si ya están listos unos análisis. La van pasando por distintos internos hasta que una mujer le informa esos estudios ya fueron entregados. Papá fue en cuanto nos dejó piensa ella pronto me avisará. ¿Cuándo fueron retirados? pregunta. Ayer es la respuesta. Matilde siente que se le corta la respiración. Gracias alcanza a decir.


No me pasan los fideos tengo un nudo en la panza le voy a decir a la seño que me quiero ir a casa piensa Lorena.


Agustina atiende el teléfono. Es del colegio, Lorena no se siente bien. Ramona se acerca y habla con la secretaria. No podemos ir ni vos ni yo le cuenta hay que avisarle a tu papá. Yo me ocupo dice Agustina, porque si Matilde no está, le corresponde a ella.


A Marcelo le sorprende recibir llamada de Agustina. ¿Qué pasó? pregunta, alarmado. Diez minutos después sale hacia la escuela. Si hay alguien a quien hoy no tiene ganas de ver es a Lorena.


Me dijo la seño que ya llamó y que me viene a buscar mi papi qué suerte espero no gomitarle el auto.


Marcelo abre la puerta de atrás y ayuda a Lorena con el cinturón de seguridad. Maneja en silencio pero cada tanto la mira por el espejo retrovisor. No es mi hija se dice. No es mi hija y por ella tuve que interrumpir una reunión. La nena, por suerte, viaja calladita piensa él. Estaciona frente a su casa. Bajá le indica. Lorena forcejea pero logra liberarse y desciende del auto. Toca el timbre. Marcelo espera que abran, saluda con la mano a Agustina y parte. Si se apura quizá todavía los encuentre reunidos.


Agustina abre y se encuentra con su hermanita. Su padre la saluda desde el auto. Ella también levanta la mano. ¿Qué te pasa, Lore? dice agarrándole la mochila. Tengo ganas de gomitar. Ramona se acerca y le toca la frente. Fiebre no tiene determina ¿vomitaste? La nena niega con la cabeza. ¿Querés jugar al ludo? le pregunta ella. ¡Dale! Entonces no estás tan enferma, anda a buscarlo a mi cuarto pero no lo despiertes a Fede. Entonces recuerda que el nene ya no duerme en su cuarto. Su hermana corre por la escalera. Está pasando algo con esta chica comenta Ramona. ¿Qué querés decir? Nada cabecea la mujer. Ramona tiene razón: está pasando algo de lo cual ella no está comunicada. Juraría que Matilde le oculta algo. ¡Vamos, Agus! la voz de Lorena la despega de sus pensamientos yo juego con el azul. Ella gira y ve a su hermanita disponiendo el tablero sobre la mesa de la cocina. Igual me duele la panza se justifica no es de mentira. Agustina la observa. Tiene rara la carita.



viernes, 27 de enero de 2017

31


Matilde escucha el auto. Su estómago zozobra. Minutos después, pasos en la escalera. Seguramente viene a avisarme piensa. Pero los pasos avanzan frente a su puerta sin detenerse. No le voy a preguntar nada se jura.


Están sentados los seis alrededor de la mesa. Agustina está fastidiada. ¡Fede!, ¡basta de tirar la comida al piso! El nene le sonríe y le tira un beso con la mano. Lorena se ríe. ¡Estoy enojada, Federico! Es un malcriado aporta Matilde y la culpa es tuya. Sí acota Sofía mamá lo tenía cortito. Ya que todas saben cómo tratarlo se los regalo dice ella levantándose bruscamente. ¡¡Agustina!! exclama su padre. Ella lo desoye y sube. Está harta. ¿Por qué me metiste en este lío, mamá? Con la fuerza que le da la furia traslada la cuna desde su cuarto al del nene. Que se ocupe Matilde, que tanto critica. Se lava los dientes, se pone el camisón y dando un portazo se recluye en su cuarto.


No me gusta que Agus grite piensa Sofía mamá sí que siempre gritaba pero mamá no está más pobrecita mi mamá.


Papá me mira y me mira piensa Lorena capaz porque casi no como que todavía me duele la panza eso que Ramo me hizo arroz.


Agustina está histérica piensa Matilde. Lo único que le falta es tener que acostarlo a Federico. Suerte que Rocío le dijo que sí. Al menos mañana zafará.


¿Y Agustina? pregunta Ramona cuando trae el queso y dulce. Marcelo no sabe qué contestar. Se enojó informa Matilde rompiendo el silencio provocado por la intempestiva partida y me encajó a Fede. No te preocupes dice la mujer yo me encargo. Todos comen el postre callados. Ramona recoge los platos, regresa, deja un café frente a él y alza al nene. Las nenas suben tras ella. Quedan en la mesa Matilde y él, a quien urge levantarse pero no puede porque  el café está hirviendo, imposible apurarlo de un trago. Matilde le clava la mirada, pero él no se da por aludido. Todavía no resolvió qué decirle. ¿Cómo dio el análisis? pregunta la chica, al fin. La mente de Marcelo trabajando a mil por hora. El resultado estará recién mañana. Él es el que todavía no está en condiciones. Precisa una tregua. Podrías haberme avisado dice Matilde mientras se levanta. Su servilleta cae al piso.


Agustina llora sobre la cama. Que Matilde se arregle. Pero pronto escucha la voz de Ramona. Ni siquiera para Federico es imprescindible.


Marcelo se encuentra solo en esa mesa hace minutos exultante de vida. Le mentí a mi hija piensa. Y él que está acostumbrado por su profesión a mentirle al fisco se pregunta cuántas veces mintió a sus afectos.  Solía recurrir a compromisos inexistentes cuando su madre insistía para verlo por tercera vez en una semana. También a Fernando. Mentiras livianas, intrascendentes. ¿A Diana le mentí? Se queda pensando unos segundos. No recuerda ninguna. Es que ella se hubiera dado cuenta. Esboza una sonrisa involuntaria. Tenía un nivel de percepción más allá de lo normal. Al menos con respecto a él. Bruja, mi bruja. La sonrisa se le deshace. Diana me engañó precisa decirse. ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién? Jamás sospechó nada. Ella parecía vivir para él. No para los chicos, para mí. Entonces, ¿por qué? Ramona aparece en el comedor. ¿Le sirvo otro café? propone. Él está por aceptar cuando recapacita. Es imprescindible que duerma. Rechaza el ofrecimiento y se dirige al bar. Mejor un whisky.


Matilde da vueltas en la cama. Está furiosa. ¿Qué pensará su papá?, ¿que ella no tiene sentimientos? Si mamá lo engañó, se lo merece.

Me siento muy mal me parece que voy a gomitar piensa Lorena, la manito en la garganta.

miércoles, 25 de enero de 2017

30


Salgo a almorzar
informa Marcelo a su secretaria. Camino a la cochera opta por un taxi. Se desploma sobre el asiento. Por primera vez en años siente la perentoria necesidad de fumar. Diez minutos después no tiene más remedio que descender. Su corazón es una bomba. Al subir las escaleras recuerda a Lorena con su vestido de princesa. Se aproxima al mostrador y extrae el talón de su bolsillo. Instantes después se encuentra con un sobre en la mano.


¿Te arrepentiste? exclama Ramona al verla ¿o te llegó el olor de las albóndigas? Matilde levanta la tapa de la cacerola. Sí, este olor atraviesa las paredes. Cuando regresa de lavarse las manos, encuentra a Agustina con Federico en brazos. Hola, Ati dice el nene agitando la manito y a ella se le diluye la estúpida bronca que le da verlos siempre juntos. Ramona sirve y se sienta con los tres.  Matilde echa un vistazo al reloj de pared. ¿Ya habrá ido?


Ni la pizza me pasa y eso que es lo más rico de la escuela le voy a preguntar a la seño si puedo sentarme con Sofi porque me duele la panza piensa Lorena ante el plato lleno.


Marcelo camina con el sobre en la mano. ¿Hacia dónde? Descubre un bar en la esquina. Se sienta y pide un café. Recién cuando se lo traen, rasga el papel. Saltea los resultados de rutina hasta que se topa con el grupo sanguíneo. B. Qué suerte que no está Matilde es su primer pensamiento. Porque nadie debe enterarse. Nadie va a enterarse. Lorena menos que nadie. Pobrecita piensa. Pero después se retracta. Acá el único damnificado soy yo. Y le sube por las vísceras un irracional odio hacia Matilde. Ella es la culpable de todo. Siento odio por mi hija reconoce y se asusta. Porque ella sí que es mi hija. ¿Cómo Diana fue capaz de engañarlo? Y no se refiere a la simple infidelidad. Vaya y pase con eso. No habrá sido ni la primera ni la última. Lo realmente grave es que le enjaretó una hija ajena. ¿Solo Lorena?  Ya no sabe en qué creer. Dobla el papel y lo mete en el bolsillo. Apura de un trago el café ya frío y llama al mozo. Cuando busca monedas para dejar sobre la mesa se topa con el papel. Lo aprieta con bronca y se levanta.


Matilde, tirada en la cama, controla el celular por enésima vez. No quiere ser ella la que pregunte, lo menos que merece es ser avisada. ¡Está la leche! le comunica Sofía desde abajo. Matilde pone el teléfono en el bolsillo y baja. Entra en la cocina y se sienta. Ramona le alcanza a Lorena una taza de Nesquik que la nena rechaza. ¿Qué te pasa? pregunta la mujer. Me duele la panza explica Lorena. Habrás comido como una bestia dice ella, fastidiada. No intercede Sofía yo la vi, no almorzó. Dámelo a mí, Ramo pide ella mientras unta una tostada. Va a preguntarle a las nenas cómo les fue cuando descubre que no le importa. No le importa nada. Ni la panza de Lorena, ni las cuentas de Sofía, ni las monadas de Federico, ni las sonrisas bobas de Agustina. Nada de nada. No los aguanto más. En cuanto suba llamará a Rocío. Quizá mañana pueda ir a su casa. Y quedarse a dormir y no volver jamás. Quizá papá descubra que existo. Vuelve a controlar el celular. No quiero más dice apartando la taza y sale.
 

Marcelo no se decide a bajar del auto. Por suerte tuvo una tarde ocupada. Pero en el trayecto de regreso la realidad se le impuso, aplastándolo. Hace quince días era un hombre feliz, enamorado de su esposa, con un excelente trabajo y cinco hijos sanos. Primero le robaron la mujer. Después el buen recuerdo de su mujer. ¿Para qué le sirve enterarse del engaño cuando ya no hay nada que pueda hacer al respecto? No le queda ni el consuelo de llorarla en paz. Agarra, al fin, el portafolio y abre la puerta del coche.

¡Papá! grita Fede en cuanto lo ve, corriendo a abrazarlo. Él lo alza.

lunes, 23 de enero de 2017

29


13 Lunes

Agustina está desayunando cuando aparece Matilde y anuncia Ramo, hoy no vengo a almorzar. ¿Por qué? pregunta la mujer lo que ella no se anima. Tengo que hacer unos trámites con mi papá. Agustina quisiera seguir preguntando pero sabe que no debe. Su padre entra a la cocina. ¿Le sirvo el café? ofrece Ramona. Él controla la hora. No, gracias, ya es tarde, apúrense chicas, las espero en el auto. Ella termina el café con leche de un trago, agarra otra tostada y se levanta. Voy con vos, papá, esperame dice. Sin embargo él no ralenta el paso. Desde la puerta del garaje lo ve subirse al coche. A lo mejor no me escuchó.


Papá no vino a despertarme y Matilde pasó por mi cuarto y ni me saludó seguro que están enojados por algo que hice pero no sé qué piensa Lorena bajo el acolchado.


Marcelo enciende el motor del auto. Hace frío. Está arrepentido de haberle pedido a Matilde que lo acompañara. Fue una estupidez. Todavía está a tiempo. Le va a decir que le surgió un compromiso, que él irá más tarde.  Le va a avisar por el celular, no quiere verle la cara. Porque él no precisa testigos. Es asunto suyo. Ni siquiera tiene la obligación de informarla. Además, seguro que hubo un error. ¿Cómo dudar de Diana?


Papá no vino a despertarme a lo mejor porque Lorena ya no se pasa a mi cama seguro que venía por ella, seguro que a ella sí que la despertó piensa Sofía, sujetando con las dos manos la almohada sobre su cabeza.


Su padre maneja en silencio. Nunca habla cuando maneja piensa Matilde. En realidad, casi nunca habla con ellas. No parece nervioso. Lo más probable es que se hayan equivocado en el sanatorio, nacen demasiados bebés. ¿Adónde la llevará a almorzar?, ¿irán antes o después? Mejor después, así ya estamos tranquis. Ojalá que Agustina no le pregunte nada.  No me gusta mentirle. Tiene biología en la primera hora. Por suerte cambiaron de tema. Ya estoy harta de Mendel.


Lleva horas pensando sin decidirse y el balance de la inmobiliaria, en consecuencia, no prospera. Toma el celular. Surgió un inconveniente, iré yo a buscar el resultado cuando termine. Pone enviar. Ya está más tranquilo.


Matilde lee el mensaje. Como si le hubieran pegado en la nuca. Cierra los ojos. La insoportable sensación de no ser. No existo para mi papá. Un pesar infinito que, sin embargo, convive con la bronca. Un tirón en la manga. Matu, ¿estás bien? le pregunta su compañera de banco. Para los demás sí que  existo estipula ella.


Agustina camina hacia la parada del colectivo cuando siente que le jalan la mochila. La agarra con todas sus fuerzas con el corazón a mil. Gira. Es Matilde. ¿Qué hacés acá? le pregunta sorprendida. Se canceló el trámite explica a gatas su hermana. Ella experimenta un súbito ascenso de su decaído humor. Se reacomoda la mochila. Corré indica Matilde ahí viene el bondi.