miércoles, 15 de febrero de 2017

39



Matilde se sienta en el piso. Ordena los álbumes por fecha y abre el primero. Un retrato a página completa de su mamá muy joven. Queda sobrecogida. Su mamá era más que bella. Luego del primer impacto regresa sobre la imagen. ¿Me parezco en algo? se pregunta. Busca en el celular entre sus fotos hasta que encuentra una en posición similar. Pone la pantalla al lado de los veinte años de su madre. Va comparando rasgo por rasgo. Por separado todos son similares. Hasta demasiado similares. Sin embargo no se descubre en el conjunto. Mamá tenía… No encuentra la palabra. ¿Brillo?, ¿luz? Algo que partía de su rostro pero lo trascendía. Cuando su mamá entraba a un lugar era imposible obviar su energía. Se apoderaba de mí determina. Da vuelta la hoja. Su papá ahora. ¿Qué tendría? Saca cálculos. Unos treinta y cinco. También se impresiona. Tenía toda la onda. Con razón que consiguió a su mamá a pesar de la diferencia de edad. Busca en su celular una foto de él actual. El día que fueron al cine. Amplía su rostro. A pesar de sí misma tiene que reconocer que sigue siendo un hombre…. Busca otra vez la palabra que se le escapa. ¿Interesante?, ¿atractivo?, ¿buenmozo?  Una vez Rocío le comentó que parecía un actor. El problema no es por fuera piensa. En la tercera están juntos. Él la mira con tanta intensidad que parece que se deshace. Da vuelta con rabia. Sigue mirando. Hasta que se topa con su madre embarazada. De mí piensa. Se la ve radiante. Luego entrando ella en escena. Qué raro verse tan pequeñita. Obvio que ya conocía esas fotos pero hoy es otro el impacto. Observa a su madre. Parece una chica con una muñeca nueva. Su padre solo aparece en alguna que otra foto mal sacada. Evidentemente él era siempre el fotógrafo. La sorprende pensar que su padre tuvo que invertir muchos minutos de su ¨valioso¨ tiempo tras la cámara para pescarle una sonrisa. En el siguiente álbum hace aparición Agustina. Qué hermosa beba. La pelusa rubia formando un halo alrededor de la cabecita redonda. Y desde principio esa sonrisa que derrite el hielo como decía su mamá. Ya no le parece una chiquilina. Se la ve… orgullosa define. Siempre fue especial con Agustina su mamá. Ella muy seria, la mano en la boca, asomándose a la cunita.  Esa beba es la hermana con la cual hoy compartió las hamburguesas. Algo se le afloja adentro. Hojea rápido hasta llegar al nacimiento de Sofía. Una beba pequeñita y oscura define. Los ojitos como brasas. El rostro de su madre se va animando a medida que transcurren las imágenes. Parece divertida. Matilde disminuye ahora, la velocidad de avance. Más allá de ellas cuatro, alguna imagen fuera de foco de su padre, algunas de sus padres con dos parejas de amigos, es una constante la presencia de su abuela. Sin embargo a ella le falta el registro interno de dicha presencia. Quizá porque cuando su abuela venía era solo madre de su madre, esa madre que se eclipsaba como madre, convertida en pura hija. Tiene que reconocer que su padre fue bastante constante. Por más que el caudal de fotos fue disminuyendo ha seguido registrado con cierta frecuencia la evolución de la familia. Ya imágenes de su madre embarazada de Lorena. Ellas tres merodeando sin ser nunca el centro. Matilde revisa, ahora, las fotos desde esa óptica. Siempre su madre en el centro de la escena.  Claro, las sacó papá reflexiona. Su madre que en los primeros meses   se veía radiante, comienza a opacarse a medida que la panza le crece. Luego escasas fotos del nacimiento. En el sillón del sanatorio, las cuatro. Ella sosteniendo, orgullosa, a la hermanita. Ni una de Lorena con la mamá. Un primer plano de la beba. Carita redonda. Siempre cachetona la gorda piensa con una sonrisa. Más adelante fotos de Lorena con Ramona. Otra de ella sosteniendo a la hermanita  que la mira. ¿Mi hermanita? Solo un instante de infinito desconcierto. Luego piensa, aliviada, que sigue siendo su hermana. La madre en común. Se le llenan los ojos de lágrimas. Cierra el álbum. Pobrecita. La aguda necesidad de abrazarla.
 
Agustina va a buscar a Matilde para merendar y la ve salir del cuarto cargada de álbumes. ¿Qué estuviste mirando? pregunta ella. No jodas le contesta su hermana. Su mamá siempre le decía Matilde tiene demasiado carácter. Decía también suerte que existís vos. Pobre mamá, era demasiado sensible.
 
Marcelo aparta los papeles. Está cansado. Hace horas que trabaja sin pausa alguna. Satisfecho también. Logró ajustar varias diferencias. Se echa hacia atrás en el respaldo y bosteza. Momento en el que se le aparece el rostro de Matilde. Se endereza involuntariamente. Se había olvidado. De ella, de Lorena, de Diana, de todo. Bendito trabajo. Mira el reloj: por suerte todavía es temprano. Retoma las liquidaciones.
 
Matilde ni me mira piensa Sofía suerte que Agustina se olvida un poco de Fede y me insiste para que coma está bueno el bizcochuelo que hizo Ramo.
 
Matilde está más que rara se extraña Lorena no para de hacerme bromas capaz está contenta porque como me curé de la panza ya no tiene que ocuparse más de mí.
 
Matilde comprueba que sus hermanas están distraídas y se cuela en el cuarto de sus padres. Abre el placard: sigue la ropa de su mamá. Tendrá que tomar una decisión al respecto. Nada se mueve en esta casa si yo no me ocupo. De todos modos, debería consultarlo con su padre. Capaz se enoja. Por lo que me importa. Levanta la vista. En el estante superior varias cajas. Ni siquiera sabe qué está buscando pero arrima una silla y se sube.
 

 
 
Agustina ve como Matilde se mete en el cuarto de su mamá y cierra la puerta. Se llena de rabia. Seguro que está revisando todo. Ella no tiene ningún derecho a tocar tus cosas, mamá.
 
Hoy tengo ganas de verla a mami piensa Sofía a veces me decía dónde está mi lauchita flaquita y me hacía cosquillas muy de vez en cuando claro pero a veces sí y hoy tengo muchas ganas de que alguien me lo diga de que alguien me haga cosquillas.
 
Marcelo está preparando la clase de mañana. Recuerda a Feldman y sonríe. Flor dijo el chico. ¿Florencia? Le hace acordar a Diana. Igual de decidida. No tan linda, claro. ¿Por qué se habrá sentado con él la chiquilina?, ¿estará buscando que le suba las notas? No le hace falta reconoce excelente estudiante. Diana también era brillante. Una lástima que hubiera abandonado la carrera. Eso que él la impulsó. Pero ella solo deseaba niños y más niños. No quiere pensar en Diana. No va a pensar en Diana. Se sumerge en su clase. Tengo que deslumbrar a mi admiradora se burla de sí mismo.

 

lunes, 13 de febrero de 2017

38


16 Jueves

Marcelo entra a la cocina. Agustina está desayunando. Ramona le ofrece café. ¿Cómo estás? le pregunta a su hija. Bien contesta ella con la boca llena, traga y repregunta ¿y vos? Qué decirle. Durmió pésimo, se le parte la cabeza. Todo en orden miente. Desorden. Caos. El universo tiende al desorden. Entropía, cree recordar. Por cambiar de tema pregunta ¿cómo sigue Lorena? Mejor informa Agustina  Matilde dejó dicho que hoy tiene que ir a la escuela. Él siente que mengua. Ya es un enano, ya un mosquito. Una cucaracha, mejor. ¿Qué pasa que no baja? inquiere. Se quedó a dormir en lo de Martina, ¿no te avisó? No, no le avisó. No le consulta nada la mocosa. Voy a saludar a las nenas dice por salir de la insoportable sensación.


Abrí los ojos y estaba mi papi qué suerte ahora le voy a contar del doc piensa Lorena, sonrisa de oreja a oreja.


Papá me vino a despertar piensa Sofía y yo que tenía miedo de que se hubiera cansado de nosotros y de que no volviera más.


Marcelo detenido ante un semáforo gira la cabeza hacia atrás. Agustina le sonríe. Mágica sonrisa que le devuelve la paz. Repara recién en que la chiquilina está viajando sola atrás. ¿Por qué no te pasás? le propone. Su hija hace un gesto de sorpresa.


Su papá le dice que se siente adelante. Ella agita la cabeza. Porque ese sigue siendo el lugar de su mamá.


Matilde busca a Agustina en el recreo. Su hermana se ilumina al verla. Hay tanta entrega en su cara que a Matilde le da culpa. Siempre le da culpa Agustina.  ¿Querés que almorcemos en Mac? le propone. La sonrisa de su hermana es un arcoíris.


La maestra se dio cuenta de que falté y me pregunta y le cuento de la panza y del doc y me toca la cabeza y todo.


Marcelo termina su clase satisfecho. Bálsamo para el alma tantas miradas jóvenes posadas sobre él. Pobres, me admiran piensa si supieran… No tiene ganas de volver al estudio ni de ver a su secretaria. Siempre me trae problemas. Va al bar de la esquina de la facultad. El bullicio ensordece. Es lo que buscaba, no quiere pensar. Pura juventud. Energía en el ambiente. Se sienta contra la ventana. Pide un café y un tostado. Está hojeando el diario cuando Feldman entra al bar. Calzas. Pollerita corta. Excelentes piernas. Lo ve y sonríe. Se acerca. Qué raro usted por acá. Su vista recorre las mesas. Quizá porque no encuentra a nadie conocido pregunta ¿me puedo sentar? Él se sorprende hasta las vísceras pero pliega el diario y dice por supuesto. Ella se saca el morral, deja libros y cuadernos sobre la mesa. No me gusta comer sola se justifica mientras se sienta.

Le pedí a la seño que me deje sentar con Lore para comer así la cuido porque estuvo enferma y se rió pero me dijo que sí.


Matilde se acerca con la bandeja a la mesa que Agustina está reservando. Estaba antojada con Mac se justifica mientras se sienta. En casa te devuelvo la plata, no sabía, por eso no traje se disculpa su hermana. No, yo invito dice ella y Agustina la mira sorprendida. ¿Por qué? Como no tiene respuesta dice porque sí. Mientras comen hamburguesas y papas fritas hablan del colegio. Mañana tengo prueba de geografía informa Agustina. Después te pasó la que me tocó a mí, siempre toma lo mismo ofrece ella. Charlan luego de Federico. Ella insiste con que su hermana lo malcría. Se hace un repentino silencio. Agustina lo rompe Mati ¿por qué siempre estás enojada con papá? A ella se le va el buen humor. A vos qué te importa dice mientras recoge los restos y se incorpora.


Feldman está terminando de acomodarse cuando se aproxima un muchacho a la mesa. Hola, Flor, te estaba buscando dice hay que inscribirse antes de la dos.  La chica mira el reloj. Estamos jugados dice mientras se levanta y luego agrega perdón, profe y se va. Marcelo queda desconcertado. No sabe si lamentarlo o alegrarse. Le da otro par de mordiscos al tostado y llama al mozo.


Matilde, en el colectivo, trata de retomar el diálogo pero su hermana le contesta con monosílabos. Tiene razón, me saqué piensa ella pero no le dice nada y se concentra en el celular. En cuanto llegan Matilde se mete en su cuarto. Se tira en la cama. Pero no logra relajarse. Rebotan en su cabeza Lorena, su papá, su mamá. ¿Qué hará su padre?, ¿aceptar tan tranquilo una hija que no es suya?, ¿le interesará al menos saber con quién fue engañado? Trata de acordarse de su mamá en esa época. Ella tenía ocho años. Recuerda cuando fueron a conocer a Lorena al sanatorio. También cuando la trajeron. Entró a la casa en brazos de su padre y se la dio a ella. Le llega pegajosa la tristeza de su mamá. Depresión dijo Ramona y ella buscó en Internet. Depresión puerperal. Justo con Lorena. Cuando nació Federico también se puso mal pero recién había muerto la abuela. ¿Quién era mi mamá? piensa Matilde. Pasaba de la risa al grito como un gato de una rama a otra. Siente la necesidad de verla. Al menos en fotos. Se levanta y baja. Busca en el living los álbumes. Los saca y los lleva a su cuarto. Suerte que todavía no llegaron las nenas.

Marcelo regresa al estudio tratando de organizar su día. Ni bien llega le pide a la secretaria un café y se recluye en su escritorio. Analiza la agenda rebosante. Soy un hombre muy ocupado enuncia con infantil orgullo. Qué sentido darle vueltas a lo que no tiene solución. Es un viudo con cinco hijos a cargo. Ya está. Es así. Abre el bibliorato de Cercosur.  Vuelvo a ser yo se reconoce, aliviado.



viernes, 10 de febrero de 2017

37


Matilde necesita unos minutos para recuperarse. No me gusta tener este papá piensa. Su certeza es absoluta: mis hermanos dependen de mí. Baja la escalera tan despacio como puede. Encuentra a Bianchi de gran charla con las tres chicas, Federico sentado en la falda. Al verla entrar las nenas callan. Toy con doc informa Fede. Bianchi deposita al nene en el piso. Matilde siente que el papel le quema en las manos. Quizá el hombre lo percibe porque indica ahora déjenme un ratito solo con Matilde. Los cuatro salen de mala gana. Veni, sentate propone él. Ella obedece y le tiende los estudios. Él los mira. El hepatograma está perfecto como imaginaba y le sobran glóbulos rojos. Ella siente que transpira aunque no tiene calor. Luego de unos segundos de silencio Bianchi pregunta ¿vos viste los resultados? Ella asiente con la cabeza. ¿Todos?  Ella quisiera evaporarse pero no tiene más remedio que volver a asentir. ¿Querés hablar conmigo del tema? propone él. A ella le da vergüenza decir que no por eso calla. No quiere hablarlo con él ni con nadie. No logra desprenderse del engaño de su padre. Bianchi se incorpora. Me esperan otros niñitos dice. ¿Qué hago con mi hermana? pregunta ella, alarmada. Nada, ya se le pasará, que coma solo lo que quiera. ¡Si es por ella revienta! No Bianchi es enfático confío en que comenzará a modificar su vínculo con la comida. Matilde lo mira: Bianchi le da paz. Desde chiquita. Gracias, Doc dice gracias por todo. Él le acaricia el cabello.


Agustina espera que Matilde despida a Bianchi y la intercepta. ¿Qué te dijo? pregunta. Que Lore no tiene nada. Agustina odia que su hermana la tome por tarada. ¿Cómo que no tiene nada?, ¿por qué le sacaron sangre? pregunta. Ya tenés bastante con Fede dice Matilde e intenta alejarse pero ella la agarra de la camisa. Mati, por favor pide. ¡¡Dejame en paz!! grita su hermana antes de salir corriendo.


Otra vez las chicas se pelearon por mi culpa yo no sé qué está pasando piensa Lorena mientras se tapa los ojos con ambas manos.


Me tengo que ir de acá piensa Matilde. La va a llamar a Rocío. O a Martina. No quiero verlo a papá, no sé cómo le da la cara. Percibe que la opinión que tiene sobre su padre desciende minuto a minuto. Con razón que mamá lo engañó piensa y como por arte de magia la bronca pasa de uno a otra. Pobre papá.


Agustina  propone ¿quién quiere ir a la plaza?  Sus tres hermanos gritan, alborozados. Necesita salir de la casa. Matilde se fue sin siquiera saludarla. Ramo, no venimos a merendar informa ella mientras busca galletitas y un cartón de jugo de la heladera. Sofi, agarra los vasos indica y vos, Fede, buscá los baldes. ¡¿Y yo?! pregunta Lorena. ¡Vos sacate el piyama!


Qué suerte que Lorena está mejor tenía miedo de que se me muriera. Porque yo no puedo vivir sin mis tres hermanas determina Sofía.


Se ve que el Doc dijo que no tengo nada a lo mejor fue de tanto que comí capaz el chocolate y los churros papá tenía razón tres fueron demasiados mejor me como solo una galletita de agua.


Hasta mañana, contador se despide la secretaria. Marcelo se incorpora y mira por la ventana. Ejércitos de transeúntes apurados por volver a su hogar. Perdí mi hogar piensa. Ya son las ocho. Seguramente Ramona  tiene la comida preparada. No quiero ir piensa. No voy a ir. Se dirige al teléfono.


Agustina corta, contrariada. Papá no viene a cenar le comunica a Ramona. Matilde tampoco dice la mujer mientras pone la mesa. Ella experimenta una súbita angustia. Ramo, poné en la cocina ordena y sentate con nosotros. Como mande la patroncita dice la mujer, en mal tono, mientras recoge los platos. Agustina tiene miedo. No podría soportar que Ramona se enojara. Perdoname, Ramo pide mientras los ojos se le llenan de lágrimas. La mujer se seca las manos en el delantal y la abraza.


Lo extraño a mi papi que quería contarle que vino el Doc y dijo que estoy sana pero estoy contenta porque Ramo hizo pollo y como le gané a Sofi con el huesito de la suerte pedí de deseo que me perdonen del infierno.


Qué raro que seamos tan poquitos piensa Sofía por eso Ramo se sentó con nosotros lo peor es que como Matilde no está  Agus se hace la mandona.


Matilde cena pastel de papas en lo de Martina. Ni punto de comparación con el de Ramona. ¿Qué habrá cocinado? Se olvidó de comentarle que Bianchi dijo que Lorena ya puede comer de todo. Si se siente bien, claro. ¿Cómo estará la gorda? Mañana es jueves, ¿Sofía se acordará de la flauta? Che, Mati, mamá te está preguntando si querés más la sobresalta su amiga. Perdón, no, no, gracias contesta ella. En cuanto termine de comer llamará a su casa.


Marcelo  invirtió toda la cena en rememorar el embarazo de Lorena. Nada nuevo.  La certeza de Diana de que sería varón, la posterior decepción, el propósito de abortar, la ecografía y los latidos, la cesárea, la depresión de Diana. Mala época para él. Fernando de viaje y la relación con  Alberto cortada. Diana había sido muy amiga de Patricia. Entre ellas se produjo un fuerte quiebre que arrastró la relación con su amigo. Pide la cuenta. La mitad de la pizza queda en su plato. Ni ganas de tomar café. Y eso es grave.


Mati llamó para preguntarme piensa Sofía si había preparado la flauta y le dije que sí pero no es verdad menos mal que la tengo a ella que siempre me salva.


Mati llamó para ver cómo me sentía y le conté que mejor entonces me dijo que mañana voy a ir al cole que le avise a Ramona que me despierte  porque mi papá ya no me despierta más.


Agustina atiende el teléfono. Es Matilde. Le cuenta que su papá no vino a cenar.  Su hermana comentó  ¡no te puedo creer! Lo dijo mal. Siempre está enojada con su papá. No sé qué mierda le pasa.


Marcelo abre con cuidado la puerta de entrada. Silencio absoluto. Por hoy zafé piensa.



miércoles, 8 de febrero de 2017

36


Me comería una parrillada, ¿te prendés?
propone Fernando. Por supuesto acepta Marcelo ¿con papas fritas?. Si pecamos, pecamos completo dice su amigo. La charla transcurre plácidamente por la inflación, el levantamiento del cepo y Milagro Salas mientras las fuentes van bajando. Marcelo piensa que nunca se sintió tan bien desde que murió Diana. Se atora con un trozo de molleja. Su amigo le ofrece un vaso con agua. ¿Cómo estás? le pregunta y Marcelo sabe que no se refiere a sus vías aéreas. Mal contesta. ¿La extrañás mucho? No es solo eso, estoy abrumado, ¿sabés lo que es convertirse de buenas a primera en el único responsable de cinco chicos?  Se da cuenta de que no ha sido una buena pregunta. No, su amigo no lo sabe ni lo sabrá. Siente el fuerte impulso de sincerarse. Necesita compartir el peso del engaño. Pero, por otro lado, no soportaría que la imagen de Diana que conserva su amigo se modificara. Si él no habla sigue existiendo la mujer que tanto amó. Mejor hablemos de otra cosa, necesito distenderme dice y opta, ahora, por la copa de vino.


Agustina lo está ayudando a comer a Federico cuando entra Matilde. Va a venir el Doc informa mientras se sienta. Mejor comenta Ramona tendiéndole el plato. Agustina piensa que, pese a todo, es una suerte que su hermana se ocupe. A ella también le preocupa Lorena pero qué puede hacer. Sofía bufa mientras desmenuza los zapallitos rellenos. No me gustan protesta. Tenés que comer un poco de verdura dice Ramona. Pero no quiero. Probalos al menos, les puse salsa blanca trata de convencerla la mujer. Me duele la panza. ¡¡Comé de una vez y déjate de joder!! grita intempestivamente Matilde. Agustina ve como la cara de su hermanita se transforma en un instante. Agarra el tenedor y entierra la vista en el plato. Agustina quisiera recordarle a Matilde que su mamá odiaba las malas palabras pero no se anima. Los cuatro siguen comiendo en el más rotundo silencio hasta que suena el timbre. Es Bianchi dice Matilde levantándose. Agustina aparta el plato. A ella también se le fue el hambre.


Marcelo abre la puerta del estudio. Al menos me distraje un rato piensa. Justo está sonando el teléfono.  De nuevo el doctor Silvetti le informa su secretaria tapando el tubo con la mano. Él cierra los ojos un instante para espantar la imagen del Mercedes de Diana. ¿Qué le digo? insiste la mujer. La pesadilla no cesa. Pasámelo dice, vencido, él.


Matilde se alisa el jumper antes de abrir la puerta. Vine rapidito, ¿viste? dice Bianchi mientras se inclina a darle un beso. Gracias, Doc dice ella Lorena está arriba. El médico le pone la mano en el hombro y se dirigen hacia la escalera. Antes de subir ella, instintivamente gira. Los cuatro ex comensales los observan desde la entrada de la cocina. Contame que pasó le pide Bianchi. Ella resume la situación durante los escasos minutos que les toman los escalones. ¿Se puede? pregunta Bianchi mientras empuja la puerta entreabierta. Lorena está sentada en la cama, los ojos abiertos de par en par. ¿Me podrías dejar a solas con esta señorita? propone Bianchi. A ella le da rabia pero obedece. Va hasta su cuarto. No quiere que sus hermanas vean que fue excluida.


El Doc me aprieta la panza y me pregunta si me duele y también me pregunta si estoy triste y si la extraño a mi mamá yo no me había dado cuenta pero le digo que sí y también me pregunta si empecé a sentirme mal después de que me sacaron sangre y yo le digo que no porque me acuerdo de los churros pero después pienso más y digo puede ser entonces me pregunta si me preocupó que me sacaran sangre y le digo que no me dolió y me acuerdo de que Mati y Agus se pelearon por eso pero  no le digo nada y me cuenta que me hicieron análisis solo para ver cómo estaba que cada tanto se hacen aunque me parece que no es cierto porque las chicas me dijeron que a ella nunca les tocó y me insiste con si estoy preocupada mientras me acaricia la cabeza pero del infierno ni al Doc le puedo contar.


Matilde lleva a Bianchi hasta el living. Tu hermanita no tiene nada serio le dice me parece que solo es emocional, ¿tenés los análisis a mano?, le indiqué también un hepatograma. Él también la pone molesta. Ella nunca habló con el doctor al respecto. Mi papá los tiene en la oficina, capaz que me los puede mandar por fax comenta. Buena idea, veo que sos muy operativa. Sofía espía desde la puerta. A Matilde le fastidia pero Bianchi dice me parece que aquí hay otra señorita que me quiere saludar. La nena viene corriendo y le da un beso. Él le señala el sillón. Vení así me entretenés mientras  tu hermana resuelve algunas cosas, ¿me parece a mí o estás un poco más gordita? ¡Es que ahora como! le cuenta la nena. Si, ¡montones de zapallitos! dice Matilde mientras sale. ¡Yo cuando era chico odiaba los zapallitos! A ella le llegan las carcajadas de los dos mientras sube la escalera a los saltos.


Sofi se está riendo con el Doc y eso no vale porque él me vino a visitar a mí mejor bajo total el Doc me dijo que no estoy grave para nada.


Contador, teléfono comunica su secretaria. ¿Quién es ahora? pregunta Marcelo de mala manera. Su hija Matilde. Él se alarma. Matilde se maneja siempre por WhatsApp. Atiende. Hola, papá, Bianchi está en casa y necesita los análisis de Lorena, te llamé por este teléfono para que me los mandes por fax. ¿Qué hace Bianchi en casa? Después te explico, Lorena está bien, pero ahora estoy apurada. El cerebro de él trabajando a mil por hora. Enviar los estudios es poner en evidencia ante su hija que le mintió. No puede mandarlos. No los tengo aquí se excusa decile que después se los acerco al consultorio. Silencio, insoportable silencio. Papá, mándame los estudios de una vez, no soy tonta, ya me di cuenta de que  Lorena es B. Marcelo siente que se marea. En su vida pasó mayor vergüenza. Sin poder evitarlo, corta. Intenta regularizar la respiración. Cuando lo logra abre el cajón y busca el sobre. Sale de su oficina y se lo tiende a la secretaria. Por favor, mandaselos a Matilde por Fax, me voy a tomar un café informa regreso en un rato. Mientras espera el ascensor se pregunta si habrá alguna posibilidad de no tener que regresar esta noche a su casa. Ni esta noche ni nunca más.



lunes, 6 de febrero de 2017

35


15 Miércoles

Antes de vestirse, Matilde va al cuarto de Lorena. Encuentra también a Sofía, hecha un ovillo a los pies de la cama.  Lorena tiene los ojos abiertos. Matilde se acuclilla a su lado. ¿Cómo te sentís? pregunta tocándole la frente. Mal, me siguen las ganas de gomitar pero no gomito. En cualquier otro momento ella la hubiera corregido pero ahora su cabeza gira a mil por hora. Así no la puede mandar al colegio. Tratá de dormir, ahora le digo a Ramo que te venga a ver, cuando yo vuelva de la escuela llamamos al Doc. Sofía se sienta de un salto. ¡Yo tampoco voy! exclama. No sabía que el dolor de panza era contagioso. Sofía se para. No me gusta ir al colegio sin Lorena. Dejate de pavadas, si siempre están como perro y gato dice Matilde mientras gira para mirarla. Su hermana está muy seria, parece a punto de llorar. Sin Lorena no puedo, Mati, porfi. A ella le gustaría pedirle clemencia a alguien que la dispensara de tener que seguir accionando cuando lo único que quiere es abrazarse a sus hermanas y dormir y dormir. Sofía, ahora, se mete entre las sábanas al lado de Lorena. Matilde se sienta en la cama y las mira. Se ven tan desvalidas. Está bien, quedate concede. La nena se le cuelga del cuello. Gracias, Mati, sos lo más. Casi no pesa. Parece un pajarito.


Marcelo, camino al baño, se cruza con Matilde saliendo del cuarto de Lorena. Hoy las nenas no van al colegio informa. ¿Por qué? pregunta. Lorena se siente mal y Sofi no quiere ir sola. No es una consulta, es una decisión. Quince años tiene la mocosa piensa demasiadas alas.


Ramo, cuando puedas subí a ver a Lorena, no se siente bien; hoy ninguna de las dos irá al colegio indica Matilde y a Agustina le da rabia. Su mamá no la hubiera dejado faltar a Sofía. Quizá ni a Lorena. Odiabas que faltáramos; aquí no se crían flojos nos decías. Pero a Matilde no le importa lo que pensara su mamá. Ella hace lo que se le canta. Matilde le da rabia. Le da rabia pero la envidia. Siempre está segura de todo. Mamá también era así asocia ella de repente. En eso se parecen. En eso solo. Te extraño tanto, mami.


Ramo vino y ahora me trajo un té y le dijo a Fede que no me moleste y Sofi fue a buscar las figus y me dijo que me va a dar la que me falta para completar la hoja y me siento un poco mejor pero igual me duele qué raro ni Agustina ni papi me dijeron chau.


Le di la figu a Lore y un bombón que tenía guardado porque tanto no me gustan y no lo quiso y eso es grave y tengo miedo de que le pase algo porque no me había dado cuenta de que es la única de la familia que es casi como si fuera yo.


Ramo, ¿cómo sigue la gorda? averigua Matilde en el segundo recreo. Ahora está durmiendo, no quiso comer nada pero al menos se tomó el té informa la mujer mientras no sea el apéndice… Rocío al otro lado del patio le hace señas con la mano pero ella cabecea. Ya no le gusta lo de Lorena. Su mamá sabía qué darles y cuándo consultar. Pero yo no. ¿Y si por su culpa le pasa algo a su hermanita? ¿Lo llamo a papá? se plantea. Él sabe menos que ella. Tendría que llamarlo a Bianchi. Pero no le gusta llamar. A veces su mamá le pedía y ella no tenía más remedio. Cuando atendía la secretaria le pasaba pero igual le daba vergüenza. Vergüenza y rabia. Yo no era la mamá. El timbre la sobresalta. Va hacia el aula.


Contador, llama el Doctor Silvetti le informa su secretaria desde la puerta. Marcelo se reclina en el respaldo de su sillón y se echa el cabello hacia atrás con ambas manos. No está de ánimo para encarar la sucesión. Decile que estoy en una reunión indica. Vuelve al balance pero es inútil. No puede concentrarse. Diana me engañó se repite una y otra vez como si todavía necesitara convencerse. ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién? Tiene el cerebro embotado. Voy a intentar pensar se propone pero fracasa en el intento una y otra vez. Hace unos días tenía cierto registro del embarazo y del parto de Lorena. Ya no. Se le confunden todos. Se le superponen imágenes de distintas épocas. La luna de miel, el noviazgo, vacaciones, alguna pelea, la depresión de Diana, Diana haciéndole el amor. Perdí el norte piensa. La secretaria vuelve a aparecer, entra y entorna la puerta. ¿Qué pasa ahora? le pregunta él con injustificado fastidio. El señor Fernando. ¿Por teléfono?  La puerta se abre. No, estoy acá, no tendrás más remedio que atenderme dice su amigo con su más amplia sonrisa.



A Matilde le sudan las manos, la llave se le traba. Dejame, abro yo dice Agustina. Matilde tira la mochila y sube la escalera a toda velocidad. Encuentra a Lorena en la cama, dormitando. ¡Está la comida! informa Ramona desde abajo. Matilde sale, cierra la puerta y grita ¡ahora no puedo!  Va a su cuarto, se sienta en el piso, inspira hondo y saca el celular del bolsillo del blazer. El doctor no está le informa la secretaria llamalo al celular, ¿tenés el número? Ella lo agenda. El corazón le late fuerte.  Más todavía cuando reconoce la voz de Bianchi. Soy Matilde, Matilde Monte de Oca, mi hermanita Lorena no se siente bien desde hace días hace una pausa para tragar saliva, si no corta rápido se va a poner a llorar y yo, Doc, tengo miedo y no sé qué hacer. Las lágrimas no la obedecen y corren por sus mejillas. Tranquilizate, chiquita, en tres cuartos de hora estoy por allá.

viernes, 3 de febrero de 2017

34


Marcelo abre la puerta. Ramo, ¡ya llegó papá! informa Sofía enfundada en un camisón largo. Él se pregunta si antes los chicos cenaban en piyama. Antes de que se muriera Diana precisa. No tiene registro. Federico viene corriendo a abrazarlo. Sofía no. Él lo alza, se acerca a la nena y le da un beso ¿Tus hermanas? le pregunta. Arriba, Ramo me dijo que le avisara ni bien llegaras, por eso yo me quedé abajo cuenta muy orgullosa. ¡Sofi!, llamá a las chicas indica Ramona desde la cocina. Parece que hoy te tiene de secretaria comenta él, sonriendo. La nena sube a los saltos. ¡Chicas, chicas! grita a todo pulmón.


Papá me dio un beso y me hizo bromas parece que funciona esto de portarme bien piensa Sofía cuando llega arriba. ¡Chicas! grita nuevamente.


El olor del pastel de papas me revuelve la panza piensa Lorena tirada en la cama con lo que me encanta capaz que me estoy por morir y si me muero para colmo me voy al infierno.


El reino del revés piensa Matilde. Sofía come con entusiasmo el pastel y Lorena se eterniza ante su puré de calabaza. ¿La mandará mañana al colegio? ¿Debería consultarlo con su padre? Todavía no pudo estar a solas con él. No entiende por qué le mintió. Lo mira. Está muy callado. La mitad del pastel de papas todavía en su plato. Eso que está riquísimo. Todo hace rico Ramona. Federico come tranquilo. Parece que aprendió del quilombo de anoche. Agustina lo trata como siempre. Esperemos que hoy lo acueste ella.


Marcelo no logra conectarse con sus hijos. Ni siquiera lo intenta Su cabeza a mil mientras cena. Deja los cubiertos y los mira. Uno por uno. ¿Serán todos suyos? Ya sabe que todos no, ¿pero el resto? Lo único que arrojaría certezas sería un estudio genético de toda la familia. ¿Para qué le serviría saberlo?, ¿eso lo absolvería de tener que hacerse cargo de ellos? ¿Por qué Diana lo engañó?, y si tenía una doble vida ¿por qué no abortó al saberse embarazada? Porque para ella no era un asunto  moral. En realidad sí quiso abortar a Lorena y él no lo permitió. Pero fue cuando supo que no era varón. ¿Puedo recoger? le pregunta Ramona. Él primero se sobresalta y luego asiente. ¿No le gustó? pregunta la mujer ante su plato inconcluso. No, no eso, no tengo apetito, muy rico, gracias. ¡Estás como yo, papi! exclama Lorena. A él se le estruja el alma.


¿Un café sí? pregunta Ramona ¿o un tecito? Un té, mejor, Ramona, gracias. ¿Me traerías uno a mí, porfi?  pide Matilde. Quizá si se quedan a solas su padre le comente algo. El silencio se hace incómodo. Cuando Ramona se retira luego de dejar las tazas, ella no aguanta más y aunque se había propuesto esperar a que surgiera de su padre pregunta ¿retiraste los análisis? Él carraspea. Sí, hoy a la tarde. El adverbio de tiempo confirma que su padre sigue montado en la mentira. ¿Cómo dieron? Su padre decide que es imprescindible tomar el té porque solo luego de beber media taza informa es A, se habían equivocado. ¿Me los podés mostrar? Ahora él precisa vaciar la taza. Los dejé en la oficina. Matilde se levanta. Ya no lo quiere escuchar. ¿Cuánto puede creerle?


Marcelo ve con alivio que Matilde se aleja. No quise mentirle piensa. Pero no lo pudo evitar. La decisión se tomó sola. Asunto terminado. Además, ¿qué le importa a Matilde? Él es el único damnificado. Y Lorena, claro. Pero eso es harina de otro costal. Asunto terminado por ahora. Tiene mil cosas de las que ocuparse. Ya habló con el abogado. Tendrán que hacer sí o sí la sucesión por el tema del auto. No soporta verlo en el garaje.  Su presencia es prueba insoslayable de la ausencia de Diana. Diana. Todo tiene su beneficio secundario porque desde que se sabe traicionado la rabia lo protege contra la insoportable necesidad de tenerla. Se dirige al bar.


Matilde entra al cuarto de Lorena. ¿Cómo te sentís? le pregunta. La nena saca la mano de abajo del acolchado y la agita. Maso dice. Ella se inclina y le da un beso. La nena la abraza. Fuerte la abraza.



miércoles, 1 de febrero de 2017

33


Matilde merienda en casa de Rocío. Le cuesta seguir la conversación de su amiga. Pensar que estoy aquí como si tal cosa y nadie sabe lo que me está pasando. Unta con manteca una galletita. ¿Por qué su padre le ocultó que había retirado los análisis? No le encuentra el sentido. Siente la urgente necesidad de estar en su casa. En un rato me voy le comunica a Rocío. Pero si íbamos a hacer los resúmenes…  Ella se levanta de la mesa. No aguanta más. Me tengo que ir, Ro.


No me gusta viajar sola en el micro piensa Sofía Lore y yo siempre jugamos a que vamos en avión a veces yo soy pasajera y otras azafata si mañana falta al colegio yo tampoco voy Lorena es remolesta pero no puedo ir al colegio sin mi hermana.


Matilde se baja del colectivo. Le gustaría correr pero le da vergüenza. Apura el paso. Ya en la esquina de su casa ve que Ramona se acerca por Teodoro García cargada con las compras. Va a su encuentro y pese a la resistencia de la mujer agarra un par de bolsas. Mañana vamos a comprar un changuito decide ella te vas a reventar la espalda. Es que antes tu mamá hacía la compra grande con el auto se justifica Ramona. Sí, pero mamá se murió y todavía falta para que yo pueda manejar contesta ella con rabia. No ve la hora de sacar el registro. Capaz que a los dieciséis el padre la autoriza a manejar. Recién piensa que hace más de una semana que el coche de su madre está muerto de risa en el garaje. ¿Muerto de risa? Mamá y el auto eran uno piensa. Tu papá fue a buscar a Lorena al colegio le informa Ramona. El corazón de Matilde se agita. ¿Por qué? Le dolía la panza. Me hubieras avisado se fastidia ella. Solo pueden retirarla los padres informa la mujer. Sí, pero mi mamá se murió dice por segunda vez en pocos minutos le voy a decir a papá que me dé una autorización a mí. Sí, es urgente que aprenda a manejar. Deja las bolsas en el piso y busca las llaves.


Marcelo termina el balance. Le llevó más tiempo de lo calculado. No puede creer lo que le está pasando. ¿Si lo hablara con Fernando? Imposible. Hablar del engaño es reconocer su existencia. En tanto no hable el problema no existe ni existió. El único inconveniente es Matilde. Una testigo complicada. Y Bianchi reconoce. Eso es más sencillo, puede cambiar de pediatra. Se agarra la cabeza con ambas manos. ¿Puedo ser tan pelotudo? No está en su ADN hurtarle el cuerpo a los problemas. Lo que pasó, pasó. Ya verá como pone en orden sus sentimientos con respecto a Diana. Lorena no es su hija pero es demasiado chica para ser notificada. Lo hará cuando llegue el momento. Cuando se embarace decide. Pero a Matilde debe decírselo ahora. Que ella procese la información como pueda. No es mi problema piensa ya tengo demasiados. Acomoda los papeles, apaga la luz y sale.




Matilde ni me preguntó por la tarea piensa Sofía lo único que les importa a todos es la panza de Lorena y Fede claro Ramona ni me retó porque no terminé la leche ni nadie me manda a bañar.


Matilde está enjuagándole la cabeza a Lorena. ¿Será mejor que mañana no vaya a la escuela? Si sigue mal tendrán que llevarla a lo de Bianchi. Tendré se corrige. A lo mejor en los análisis salió algo.  Los miércoles tiene Plástica, le parece. Lore, ¿te pidieron algo para dibujo?  La nena abre los ojos de repente. Sí, ¡témperas!, si no la seño me mata, el miércoles pasado me olvidé, ¡ay!, me entró jabón, pásame la toalla. Matilde piensa que por suerte tiene témperas, ¿dónde las dejó? Cuando gira descubre a Sofía en el marco de la puerta. ¿Qué hacés ahí todavía seca?, apurate que pronto llegará papá. La nena en lugar de quejarse se desnuda al instante. ¿Quién entiende a sus hermanas?


Agustina no sabe qué hacer. ¿Traigo de nuevo la cuna? Anoche se le partió el alma cuando lo escuchó llorar. Ramona le dijo que se calmó enseguida, que lo dejara de nuevo en su cuarto, a tu mamá no le gustaría que durmiera con vos. Eso es cierto, pero es lo único en que ella no estaba de acuerdo con su mamá. ¡Cómo lo dejabas llorar!


El agua está preciosa piensa Sofía flotando en la bañera Matilde sí que sabe llenar la bañadera.